Se dice que alguien se puede dar con un canto en los dientes cuando se esperaba que algo no saliera del todo bien, termina saliendo mejor de lo esperado.
En la antigüedad, los devotos, para agradecer los buenos actos de sus dioses, se daban golpes en el pecho con un canto, una piedra.
Se ve que darse golpes en el pecho con un pedrolo no era el suficiente dolor para esos dioses tan bondadosos suyos que le habían hecho un favor, de manera que comenzaron a golpearse en los dientes con las piedras, pues ahí duele mucho más y, claro, ya se sabe que a los dioses les chifla que suframos en su nombre.
En fin, ¡de aquí viene la expresión!

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