Se dice que algo es la navaja de Ockham cuando ante un misterio la explicación más probable es la más simple.
Esta expresión se asocia al fraile franciscano filósofo y lógico escolástico inglés del siglo XIV Guillermo de Ockham (aunque se ha descubierto que viene de más atrás, llegando hasta Aristóteles).
El principio propiamente dicho dice lo siguiente:
La explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera.
Este principio ya era conocido por las gentes de su época, pero fue dicho fraile quien hizo de este principio una máxima por la que se regía en todo momento y usaba de forma sistemática.
Vale, ya conocemos porqué se le denomina Ockham, ¿pero por qué lo de la navaja?
Pues esto se debe a que en el siglo XVII se vio que este principio tan sencillo resultaba mucho más útil que las enrevesadas enseñanzas de otros filósofos, sobre todo Platón, y se comenzó a decir que: Ockham «afeitaba como una navaja las barbas de Platón».
De ahí el origen de dicha expresión.
Según este principio, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja. En ciencia, este principio se utiliza como una regla general para guiar a los científicos en el desarrollo de modelos teóricos.

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