Se dice que para lo que me queda en el convento, me cago dentro cuando estás en una situación en la que te queda poco tiempo y decides hacer las cosas con desgana o desidia.
No se tiene claro el origen de dicha expresión, pero los diferentes posibles orígenes apuntan a que la vida monástica de los frailes en el siglo XIII no era sencilla y, en algunos conventos no se disponía de letrinas, de manera que, cuando uno tenía que hacer uso del excusado, debía salir a la naturaleza para hacer sus necesidades.
Parece que un fraile estaba de paso en otro convento para hacer unas liturgias y, por desgracia, estaba situado en una zona montañosa, con todo el frío que ello le conllevaba. Cada vez que tenía que usar el baño, debía salir de las instalaciones y exponerse al mal tiempo.
Pues para cuando ya se marchaba al día siguiente para volver a su convento, sufrió un apretón. Veía que le iba a tocar salir corriendo sin saber si iba a llegar y desnundarse de cintura para abajo quedándose helado. Esta previsión de lo que iba a pasar no le gustó y, al saber que al día siguiente ya no estaría, decidió cagarse escondido dentro del propio convento.
De ahí el origen de esta expresión.
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