Se dice que por un clavo se pierde una herradura cuando se quiere indicar que por una menudencia se puede pagar un alto coste.
El dicho completo dice así: "Por un clavo se pierde una herradura; por una herradura, un caballo; por un caballo, un caballero; y por un caballero, un reino".
Corría el año 1302 y el rey Felipe IV de Francia y Navarra, conocido como el Hermoso terminara de conquistar Flandes. Al poco de conseguirlo, dejó al frente del gobierno de la región occidental a Jacob de Chatillon, conde de Saint Pol.
Se dice que un mensajero portaba un mensaje de Chatillón al gobernador de la zona oriental, en donde se le solicitaba el ponerse de acuerdo con él acerca de una serie de medidas represivas y subidas de impuestos. Por desgracia, este mensaje fue interceptado en Brujas por los flamencos.
El mensajero trató de huir, pero terminó cayendo del caballo porque a éste se le soltó la herradura al perder un clavo. Por algo tan sumamente insignificante como un clavo, se sublevaron los flamencos contra él y el rey de Francia había perdido parte de su reino. Así nació el famoso dicho.
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